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El Jardín

El gato voladoooor

El gato voladoooor

Ayer llegó mi familia de la playa. Algo así como la tromba de Biescas. Maletas, nervios, entumecimiento muscular y un viaje de 8 horas a sus espaldas. Esta vez no era una vuelta a casa cualquiera. Venía acompañandoles una pequeña perrita negra que hemos adoptado como nueva mascota. Como los dos gatos y la tortuga estaban muy solos, han pensado que otro animal más vendría bien. Esto es lo que pasa por tener hermanas por debajo de los 15 años. Si se mueve, para casa. Ahora mismo la perra que no es tonta, esta durmiendo en el sofá del salón porque no le da la gana quedarse sola en la cocina, se pone a ladrar y no hay vecino que duerma. Pero bueno ya os contaré más sobre este peculiar animal.

Lo que os quería contar es el estrés que produce tanta gente/animales en tan corto espacio de tiempo. Yo no sabía donde meterme. Un año de independecia y un mes en soledad, le hacen a uno acostumbrarse a hablar sólo, hacer blogs y esas cosas. Lo mejor de esta escena de enredo, fue cuando las chicas en un ataque de amor irrefrenable se pusieron a perseguir a "Chispa" el gato más pequeño por la terraza. Ante tal jolgorio la perra, a la que le va la marcha, también se sumo al frenesí persecutor. El gato, que tampoco sabía donde meterse, estaba que se subía por las paredes. De hecho se subió a la verja de la terraza, por la parte exterior de la verja, con tan mala fortuna que resbaló y se precipitó al vacio desde un quinto piso. La escena tomó tintes dramáticos. Las chicas gritando y corriendo escaleras abajo, mis padres preguntando que era todo aquel escándalo y yo intentando mantener la calma, en plena semana pre-exámenes decisivos para mi carrera.

Bajé con una espátula, a ver lo que quedaba del gato. Ahora que estaba empezando a cogerle cariño, que sus pelos en las camisetas ya no me molestaban tanto, que no me importaba despertarme a las 7:30 con su ronroneo cuando quería cariños. No se porqué estaba tranquilo, menos mal que alguien aún tenía cabeza. Pero bueno, situación, yo con nervios de acero y mi espatula en la mano, bajando las escaleras para identificar al cadaver. Cúal fue mi sorpresa al ver que no sólo no se había desintegrado, sino que podía andar y no parecía estar demasiado mal. Le sangraba la nariz y se le veía aturdido al pobre bicho. La intenté tranquilizar todo lo que pude y la llevamos al veterinario. Tenía el paladar roto y una pata un poco magullada. Yo lo firmaba, que son 5 pisos de altura. La dejamos en observación y hoy a vuelto a casa. Se la veía un poco traumada y se ha pasado toda la tarde en mi cuarto. De hecho ahora mismo está acurrucada entre la ropa de uno de mis cajones. Parece que todo a sido un susto.

Pero no os imaginais lo pesado que es ponerse una camiseta y que todos tus amigos te pregunten si te has peleado con el gato.

En fín, quien con gatos se acuesta, con pelos se levanta.

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